vidente Vanga de Bulgaria

Entrevista sobre el destino

notas:

Entre comillas son las citadas palabras de tía Vanga.

Estas son sólo las palabras de Zheni Kostadinova.

La entrevista es en búlgaro.

[…] Vanga, dice sobre el destino muy a menudo y ante personas diferentes que cada uno de nosotros tiene destino. Que él está escrito. Y que no se puede cambiar. Cada persona, dice Vanga, tiene destino. Lo que tiene escrito, es lo que le va a pasar. “Lo escrito en piedra no se puede borrar.” Nadie puede escapar de su destino. Me llamaba atención que ella dice así: “Por malo que fuera el destino de un hombre, él no lo puede cambiar. Por desgracia, yo [Vanga] tampoco puedo.” Por mucho que es su hijo, Dimitar Valchev, no consiguió a ayudarle, advertiéndole que el último día de un cierto año que no viajara a Sandansky o Blagoevgrad. Pero él se olvida, porque por decirlo así, ella se lo dice al principio del año. Pasa el tiempo. Él se olvida de esa advertencia y exactamente en ese día se va de viaje. Causa una accidente con su coche, un accidente muy grave. Y sufre mucho con su pierna. De verdad es muy cruel eso de intentar a advertir a la gente y que veas que no puedes ayudarles.

Siempre me he preguntado cómo aguantaba esa mujer a esa tensión de… a esa tensión psíquica colosal, porque cada día en su valla esperaban cientas de personas y cada una con un destino afectado. Vanga decía exactamente: “Eh, toda la vida hablo a la gente. ¡Cómo no vino uno por bien. Siempre vienen, por el mal me buscan”– eso lo dice delante Lyubomir Levchev – “Siempre por mal, Lyubcho. ¡Qué es ese destino mío!”
Un caso de esos, con Lyudmila Zhivkova, ella [Vanga], por ejemplo, llora mucho y vivió con mucha pena la muerte de Lyudmila. Y dice (el caso es otra vez delante de Lyubomir Levchev), dice ella: “Ella no tenía muerte escrita. ¡Por qué, por qué, Lyubcho, me han quitado Lyudmila!? Ella no tenía muerte escrita. El cielo no me lo advirtió.”

Un año visita Doncho Tsonchev [escritor] a Vanga que también tenía no pocas charlas con Vanga. Pero una vez va a su casa para preguntarle por algo extraordinariamente interesante. A él [Doncho Tsonchev] le gustaba haceer senderismo por las montañas. Él era geólogo de oficio. Y una día le pilla una tormenta muy fuerte. Él se esconde en una choza. Y ahí en una cama fea se queda a dormir. Y algo le incita a abrir la cubierta inferior de la cama. ¿Qué encuentra ahí? Unos mapas antiguos de tesoros. Y él se entera por esos mapas que en algún sitio en ellos está descrito dónde se encuentra un tesoro de oro. Va a casa de Vanga con el mapa para preguntarle dónde exactamente se encuentra el tesoro. Y Vanga le dice: “Vaya, vaya. Un pote entero. Si me vaya allí, le pisaré encima suyo.” Y él contaba [luego]: “Mis ojo se ensancharon. ¿Dónde está, tía Vanga?” Y ella le contesto: “Ne te lo voy a decir. Olvídate de esto. No es para ti ese oro. La maldición se esconde en ese oro. Olvídate.” Y él cuenta: “Le hice caso. Y en ningún momento en mi vida me he arrepentido por eso que le hice caso y no me fui a escavar el oro.”

Sus mensajes, en general, son que el destino humano, la persona tiene que aceptarlo con humildad y llevarlo. Pero hay un caso concreto para el que pensaba a menudo. Sí, Vanga dice que el destino humano está predeterminado, que está escrito nuestro camino [vital] y en el mismo momento ella dice que dice a la persona que hay libre albedrío. “Delante de cada persona hay la elección de emprender por el camino respectivo – el malo o el bueno. Mediante el libre albedrío – dice Vanga – Díos pone a prueba a la gente.”

Muchas veces Vanga intentaba a advertir la gente para que no hagan ciertas cosas o protegerle de algo, por ejemplo, algún accidente. Pero las cosas ocurren, lo que es algo chocante. Entonces ella ve el destino. Ve cómo… Ve los cuadros en perspectiva, el futuro de la persona. Pero cuando es algo malo, ella intenta advertir para que no ocurra. Pero parece que el destino es más fuerte que su visión, que su advertencia.

Anya Pencheva [actriz] un año empieza a tener dolores de cabeza muy graves. Hacen análisis médicos de su cabeza en TAC. Y los médicos pensan que ella tenía un tumor. Ella [Anya Pencheva] es muy preocupada. Se va de visita a Vanga para preguntarle qué hacer, mientras que ya tiene preparado un viaje a Alemania para visitar a un médico allí con el fin de obtener una segunda opinión, porque los médicos búlgaros insistían en realizar una intervención quirúrgica. Pero dos o tres días antes de irse a Alemania, ella va a visitar a Vanga para preguntarle qué hacer. Y esto también es muy abrumador que, Anya me lo contó, cómo hacía calor, ella llevaba una sudadera y una falda muy corta. Y Vanga le dice: “Por qué vienes desnuda. Desnuda. Mira la cómo de desnuda está. ¿No tienes vergüenza?” Después se hacen muy amigas las dos. Pero ella le dice: “Sé para qué vienes. No puedes ir a Alemania. ¡Qué vas a hacer en Alemania! Aquí en Bulgaria estar y niños parir. Este país tiene necesidad de niños. No tienes nada en la cabeza. No tienes nada en la cabeza. Lo médicos no tienen razón.” No le hace caso. Se va a Alemania. Y dice que ha reunido dinero con mucha dificultad para irse a Alemania de viaje – para pagar para la operación respectiva y la visita al especialista médico. Pero el médico concreto el día anterior se rompe el brazo y no puede… ni siquiera la examina, no va a trabajar. Y ella se espera una semana para que le acepte él y para decirle él a ella si hace falta que se hagan análisis o no. Y en ese tiempo, Anya, viajando con un amigo suyo malgastan todo el dinero […] y vuelven a Bulgaria sin más. Es decir, pasa exactamente lo que Vanga le había dicho. ¡Eso es el destino!

Entre otras cosas, había dicho que son las hadas madrinas que determinan el destino personal. Y que ellas vienen al tercer día del nacimiento de la persona en la Tierra. Y ellas le dicen [determinan] el destino. Vanga dice que cada uno viene a este mundo con su nombre y con su don. Y el que tiene el nombre  inapropiado [inpropio, no destinado] y no tiene el oficio dado por Dios, él sufre y es infeliz.

Ella dice sobre el nombre así: “Cuando entra la persona delante de mí, él entra primero con su nombre. O está escrito delante la nieve ante él, en su pecho, o está escrito en su frente. Él se lo ha escrito solo con letras manuscritas. Y siempre la primera letra está puesta claramente. Pero como la persona se lo ha escrito sola, a veces el nombre puedo confundirlo por no leer bien su forma de escribir.”
[…]

Sí, una cuestión sobre que he pensado mucho. Vanga no cambia el destino personal. Vanga fue enviada a Bulgaria en años en que no se hablaba sobre Dios. La fe era prohibida, la religión. Y el pueblo búlgaro era un pueblo enhuerfanado de espiritualidad. Eso, durante los años del ateísmo y el comunismo, parece que nos envían Vanga para llevar la fe despierta. Vanga es mucho más consolador. Esa es la palabra que uso para asignarle, para definirla con más precisión. Ella nos era enviada no como profesor, el profesor es otro – Danov es el profesor del pueblo búlgaro [el profesor Dimitar Danov, Beinsa Duno, hermandad blanca] –. Vanga era nuestro consolador. Vanga era enviada que lleve… que creamos, que no olvidemos que hay Dios y para ayudarnos mediante consolación y consejos. Ella no era enviada para cambiar nuestros destinos. Pero, de todas formas, cuántos son los países, cuántos son los pueblos que estuvieron dotados con un tesoro como Vanga. De aquí en adelante vamos a darnos más cuenta sobre su misión en nuestra vida.[…]

creado 2.02.2018

modificado 2.02.2018

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