vidente Vanga de Bulgaria

Vanga y la fiesta de la Inmaculada Concepción

Transcripción de la entrevista con Zheni Kostadinova y Dimítar Tudzharov – Shkúmbata – ¿Por qué Vanga honraba la fiesta Inmaculada Concepción?

bTV – Predi obed

notas:

Estas son sólo las palabras de Zheni Kostadínova y Dimítar Tudzhárov – Shkúmbata.

La entrevista es en búlgaro.

Zheni: […] Porque el día de su “santo” [el día de su nombre, dicho en búlgaro] no es un día cualquiera –el de la Inmaculada Concepción [La Buena Noticia]. En traducción su nombre Vanguelia significa buena noticia. Y ahora es el momento que digamos que por mucho que la buscaba la gente para resolver sus problemas, para cosas de penas, de todo lo que decía, Vanga decía también cosas buenas. Ayudaba para el bien, había fiestas en su vida. Precisamente es ese día –Inmaculada Concepción, en su día de santo–, iban [a visitarle] sobre todo la gente para agradecerle, besarle la mano, honrarle, entregarle regalos y para hablar con ella de ella misma, de la vida en general, y no para molestarle con sus problemas. Y la simbología del día de hoy, Imnaculada Concepción [Buena Noticia], sabemos cuál es. Ese es el día en el que arcángel Gabriel dice la buena noticia a la Virgen que va a concebir El Salvador. Es decir, esto es en esencia la fiesta de la maternidad. No es la del 8 de Marzo.

[…] Este es el día en el que esos niños venidos al mundo gracias a su ayuda –pedidos por ella– sus padres, las familias, los niños le visitaban en actitud de agradecimiento; a muchos de ellos ella es madrina (a la mayoría). Y en ese día –Inmaculada Concepción–, iban sus ahijados, familias que había casado, para expresar su respeto. Vanga era feliz, por lo contado por mucha gente, en ese día extendía la mano, la gente le besaba la mano. Durante un día entero su alma se alegraba. Le era ligero y en la fiesta, como en fiesta.

[…] Ella no tenía un descanso normal, tranquilidad. Los espíritus, las fuerzas, continuamente le hablaban, siempre estaba en contacto con ellos. Ella misma afirmaba que duerme por la noche dos o tres horas inquietantemente. Sus cercanos también describían cómo a veces se levantaba por la noche, a menudo se levanta por la noche. Habla con sus fuerzas y no tiene paz, no tiene descanso como el resto de la gente. Ella misma lo llora a menudo: “Yo también quiero descansar como vosotros, pero no puedo, porque por donde me vaya, me rodea gente – gente que quiere que les ayude, que les prediga algo, que le diga algo, a “verles”–. Pero ellos llevan consigo sus difuntos y mi alma no tiene tranquilidad, no tiene paz.” Pero hay varios casos en los cuales Vanga, de alguna manera, intentaba irse de vacaciones. Esto es muy a los finales de los sesenta (a lo mejor durante el inicio de los setenta) cuando ella y sus cercanos y su hijo Mitko [Dimítar] se van a Primorsko. Y Vanga quería mucho ver el mar. Se van entonces al mar [la costa del mar Negro], pero ella ni tan siquiera entra en el agua. Pero están en el libro que habíamos mostrado varias veces las fotos en el libro Vanga – la profetisa (el mío), hay una foto muy interesante –Vanga en la playa con su hijo, llevando un sombrero blanco. Este es uno de los pocos casos en que ella intentaba irse de vacaciones. Pero de normal, iba al monasterio de Rozhen, le encantaba ir a Melnik –en general, alrededor de Petrich, en la región cerca de Rupite–. […]

Shkúmbata: […] Desde mi infancia y ahora cunado la comentamos, porque desde algún sitio me está mirando, me acuerdo de ella como si fuera mi abuela. En sentido que yo tuve mi abuela María, la madre de mi padre, y abuela Vanga cuando en mi infancia me extrañaba –porque todos decían que es ciega– ¡cómo ella barre y ve esa… arenilla allí en el jardín!? Y desde mi infancia entraba yo y hablaba [con ella] hasta el momento en que se fue. Y ahora cuando paso y voy a mi pueblo natal, paso por Rupite, enciendo una vela y la echo de menos como colocutor.

[…] Hablábamos de muchas cosas, de la vida, para que lo suyo es un don, lo suyo es un fenómeno y precisamente, fenómeno natural. En aquel tiempo, cuando era alumno en la universidad me decía: “Por qué la gente no cree que existen cosa fuera de su… […] el mundo visible. ¡Ciérrate los ojos!” Yo los cerraba y le decía: –¿Y ahora qué? –¿Ves algo? –No. –¿Esto no significa que no existes? – yo y Zheni hablamos hace ya años que hay experiencias que tenemos que volver a contar. […] Por ejemplo mucha gente me preguntaba por qué ella quería que se duerma sobre azúcar [está bien conocido que tía Vanga pedía de los visitadores que pongan un poco de azúcar debajo de la almohada al irse a dormir y que se la lleven en la visita]. […] Dormir con un cubito de azúcar o si no tienes cubito de azúcar, azúcar envuelta en un pañuelo debajo la almohada y después te vas a visitarle. No sé si está descrito esto, pero yo la pregunté: “¿Por qué?” Vanga: “Porque ¿qué es el azúcar?” Le conteste: “Algo dulce y sabrosos.” Vanga: “¡Otra vez con tus bromas! Esto es un cristal. ¿Cómo hacéis vosotros los ordenadores y sus partes. En [la punta] de un alfiler hay tanta información. Cuando tú duermes –esto por lo menos está demostrado– la energía…” Le dije: “Sí, la persona tiene biocampo.” Vanga: “Esa energía recibe el cristal y cuando yo pongo mi mano encima suya, esa energía no desaparece, ella pasa de un sitio a otro sitio. […] Él [azúcar] guarda toda la información –le cito literalmente– el ADN y ARN. Allí están tu abuelo, tu abuela, tu bisabuelo, tu bisabuela, etc. Esta información que está volando, cuando digo “uno”, nueve veces da vuelta alrededor de la esfera terrestre –entonces esta es la velocidad de la energía–. Entonces cuando tú duermes, tu información pasa al cristal. Cuando pongo mi mano, yo digo que veo […]. Pero esa información yo veo –la ve de su manera– tu abuelo, tu abuela…”

[…] Cuando Viacheslav Tíjonov [el gran actor soviético] y Valentina Tereshkova [la astronauta soviética, la primera del mundo] le visitan en nuestro pueblo natal, las palabras que los vecinos y todos contaron que él [Tíjonov] no sabía que iba a actuar en “Diecisiete instantes de una primavera”. Pero yo tampoco sabía que antes de volar Gagarin ha dejado su reloj a Tijonov. Y sus [de Vanga] palabras son: “¿Tú por qué el reloj que él [Gagarin] te dejó, no lo entregaste al que tenías que entregárselo. ¿Dónde está tu hijo?” Tíjonov: “El está en la quinta planta en una residencia” –una residencia de estudiantes cuando estudiaba arte dramático. Vanga: “No. Ahora está en la cuarta planta.” La gente está tensa por la verdad que les vino y que no se lo puede explicar. Todo eso, en muchos casos.

Zheni: Él [Tíjonov] pierde conciencia, tengo entendido, por ese choque.

Shkúmbata: Sí, sí. Os contaré una historia, nosotros lo hablamos cuando se escribía… [se refiere a alguno de los libros de Zheni Kostadinova] Yo me iba a África. Para tres países. Me voy a ella [a visitar a Vanga]. Y le digo: “Me voy a tres países. ¿Qué regalo te traigo?” Vanga: “Hooligan [tía Vanga utiliza una palabra dialectal que significa hooligan para llamar con cariño a Shkúmbata], te lo olvidarás, pero no serán tres, sino cuatro.” […] Shkúmbata: “No, tenemos visados de tres [países]”. Vanga: “En el cuarto país cuando el tema de conversación seré yo, que me cojas un té rojo como mespilus y un chalequito de lana de camello.” Yo me olvidé de eso. Dicen que en uno de los países no pueden garantizarnos la seguridad –esto ya hace muchos años–, porque aparecieron entonces gente que disparaba… […] Y nos dijeron que tenemos catorce días que no vamos a trabajar y vamos a Egipto donde yo estoy por todos lados con la guitarra… El cuarto país… Pero había desconectado del todo. Toco un poco así con la guitarra. Se acerca un hombre serbio y dice: “Sois de Bulgaria.” Shkúmbata: “Sí, de Bulgaria.” Lo contaré en breve para no malgastar tiempo que es valioso. El serbio: “¿Tenéis alguna relación con abuela Vanga?” No le expliqué nada y no le explicaría, pero le pregunté: “¿Por qué?” El serbio: “Queremos darle azúcar y una carta, porque han pasado unas cosas que queremos saber de ellas.” […] Shkúmbata: “Pasádmelo  [el azúcar]”. Volví aquí [en Bulgaria]. En aeropuerto Sofia he dejado… Allí en el desierto cuando se viaja por la noche tienes que tener una chaqueta porque hace frío. En la chaqueta se quedó el azúcar y la carta. Los deje aquí [la gente en el pueblo donde vive]. Arranqué [el coche] me fui a Rupite y le entregué el chaleco. No olvidaré cunado se lo puso y [Vanga] dijo: “Es muy bonito. Calienta. ¿Dónde está la carta?” Shkúmbata: “La he olvidado.” Vanga: “Vuelve [vete] por ella que mucha pena hay en ella.” En pocas palabra, me fui a Sofia. Volví a las once de la noche. Le entregué [la carta]. Ella la tocó y dijo: “Escríbeles que se lo entierren como un crisitanito.” [Se trataba de] un niño que había desaparecido. No le pueden encontrar en el desierto. Ella dijo el lugar […] como momia, porque los camellos… […]

A mí me dijo por el año 1984, 1983, mientras hablábamos de la vida que la gente está enloquecida… Entre otras cosas, ella no quería el dinero. Todos hablan [sobre Vanga]: “Esa …” ¡Qué “esa”!? Yo la veía con el codo cómo –mientras estamos hablando– lo quita y lo tira y decía: “Esto es lo que toda la gente corre detrás de él [el dinero]”. Lo quita para no tocar lo con la mano. Aquel año me dijo: “No subas [este año] en coche que tienes “escrito” algo peligroso. Ten cuidado.” El día 31 de diciembre… [Todo el año,] con el tren. Deje a mi esposa las llaves del coche. Vanga: “Tú te vas a subir. Dile.” Le dejé [a mi esposa] las llaves y yo viajaba con trenes. El día 31 me subí en el coche. Tuvimos un accidente con el coche. […] 31 de diciembre. Por poco no me muero. Luego, me fui a visitarle y ella me dijo: “Mira cuántas horas te quedaban. ¿Por qué no me hiciste caso?” […]

Algo más, Eva, […] Gogo [cantantes de una agrupación de canto], viajamos y antes de una nochebuena, la visité y ella me dijo: “¿Por qué vais a trabajar en nochebuena? Esto es una fiesta. Ahora habéis quedado, pero de aquí en adelante no trabajes [en fiestas]. Todo el dinero del mundo que te den, tú no trabajes.” Desde entonces no trabajo. Y la nochebuena –estas son las fiestas de familia– […] nos encontramos en Gorna Oryájovitsa [el pueblo], con Georgi Jrístov [el cantante], con Tonika [la agrupación mencionada más arriba] entonces, en la víspera de la actuación les dije que nos esperemos hasta las 12 horas de medianoche por habérmelo dicho abuela Vanga porque no es bueno que se trabaje [en fiesta], pero por lo menos que nos esperemos que pasen las doce horas. “Ah, no, no vamos a esperar.” Y en el margen de unos diez kilómetros los Tónika se volcaron con el coche, Georgi Jrístov. Subimos. Cogimos un frío y comentamos entre nosotros las cosas por las que ella nos advirtió. […]
Yo no he ido para que me aconseje. […] Ella me dice: “Hagas lo que hagas, no te va a ir bien. Tienes el don de traer sonrisas. Agárrate la guitarrita, porque el tiempo será difícil de llevar –mira cómo estamos–. La gente tendrá cada vez más necesidad de sonrisas.” Y esto es lo que sigo. De esto ya habíamos hablado con vosotros que esto es lo que hago y esto es lo que haré […] y nada más.

[…] Antes de fallecer ella, me fui solamente para verla. Estaba tumbada. Se quejaba y ¿por qué? Decía: “No debería haber empezado con esa iglesia [la iglesia de Rúpite]. No debería haber empezado esa iglesia. Dimítre, estoy mal…[…] Estoy cansada.” Eso decía, si la gente lo merece. Vanga: “Quise ayudar a mucha gente, ellos también. Yo no puedo ayudar a todos.” Me dijo: “Dimítre, no hay medicina.” Hacia falta una, Locacorten entonces: por estar tumbada tenía inflamaciones en algunos sitios. Llamé a un amigo por el teléfono. Él estaba en Alemania. En el aeropuerto, bum, conseguimos la medicina. Y dijo que los hombres con nombres Dimítar tenemos que llevar… el ataúd en el entierro…

Zheni: Esto es un hecho interesante: Vanga tiene una relación importante con los hombres con el nombre Dimítar. Supongo que es por el hecho de que el primer hombre de que se enamora en la escuela en Zeman en la escuela de ciegos es Dimitar (son comprometidos, pero no se casan). Después, su marido se llama Dimítar. […] Su hijo se llama Dimítar. Y de allí, quizás, coge especial cariño a ese nombre y así ella quiere hombres con nombre Dimítar que la lleven a su camino eterno. Y como hablamos de fiestas, para concluir, a ella le encantaban las fiestas y llamaba a Shkúmbata también  con el acordeón para tocarle […]

Shkúmbata: Pasando por su casa, le pregunté: “¿Qué te traigo para El ocho de marzo?” Ella me contestó: “Esto no es una fiesta. Ven en Inmaculada Concepción.” Había pasta [un plato búlgaro], había acordeón, cantaba y se reía como todos nosotros. Le gustaba la vida.

[…]

creado 19.02.2018

modificado 19.02.2018

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